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Historia de Éfeso

Mitos fundacionales

Según los historiadores antiguos, el mito de la fundación de Éfeso se remonta al período anterior a la colonización jónica. Cuentan que antes de partir a extender sus dominios y buscar un nuevo asentamiento, Androcles, hijo del rey de Atenas consultó al oráculo sobre su nueva travesía y éste le contestó que debería establecerse: «en el lugar que se indicará con un pez y un jabalí».

Al desembarcar en Anatolia, Androcles y sus colonos acamparon en un claro, en el que -según la leyenda-, mientras asaban un pescado, saltaron chispas de la sartén y crearon un pequeño fuego entre los arbustos, de donde huyó, asustado, un jabalí. Recordando las palabras del oráculo, los colonos decidieron que habían encontrado su nuevo asentamiento.

Otras fuentes apuntan a la fundación de la ciudad por parte de las amazonas. Según los pasajes mitológicos, las amazonas eran una raza de guerreras, supuestamente hijas de Ares, que vivían en Anatolia, por el segundo milenio antes de Cristo. Se dice que las amazonas tomaron parte en la Guerra de Troya apoyando a Héctor, por lo que Aquiles cobró venganza y asesinó a su reina, Pentesilea, una mujer tan hermosa que al verla bien, aún después de muerta, el propio Aquiles quedó prendado de ella. Según cuenta la leyenda, las amazonas interactuaban con los hombres solo de dos maneras: la guerra y la procreación, y solo admitían a las hijas hembras.

Otra de las teorías sobre la fundación de Éfeso sugiere que ésta ciudad fue la Apasas de los Hititas, alrededor del 1400 a.C.

Sin embargo, la más antigua evidencia arqueológica que se ha encontrado es una cerámica micénica, en la Ayasuluk Tepesi (Colina de Ayasuluk); pero esto no quiere decir que haya habido un asentamiento micénico en la región, ya que ésta cerámica fue muy popular y se encuentra en otros muchos lugares.

Las cuatro Éfeso

Éfeso ha sido localizada en diferentes lugares en distintos momentos: Éfeso I, se encontraba en Ayasuluk Tepesi, habitada por anatolios antiguos, carios y lelegianos. En ese momento había un culto a la Gran Madre Tierra (Triple Diosa, Cibeles), que actuó como un imán atrayendo a peregrinos y pobladores, incluso antes de la emigración jónica.

Éfeso II se enclavó en la ladera norte de Panayir Dagi (Monte Pion) y al igual que otras ciudades de la costa egea de Anatolia, pasó a ser gobernada por Creso de Lidia y luego por los persas, a partir del 546 a.C. En el 334 a.C. cayó ante Alejandro Magno y, posteriormente la ciudad pasó a sus sucesores: Lisímaco y los gobernantes selyúcidas.

En el siglo IV A.C., el puerto empezó a amenazar con encenagarse, por lo que fue necesario volver a mover la ciudad, y se creó Éfeso III, entre Panayir Dagi y Bulbul Dag (Monte Coressus). Los restos de las murallas de esa Éfeso todavía se pueden ver en las faldas del Bulbul Dag.

Más tarde, el control fue tomado por Pérgamo y eventualmente pasó a manos de los romanos (a partir del 133 a.C.). Durante este período, Éfeso se convirtió en la capital de la provincia de Asia Menor y la población llegó a un cuarto de millón de personas, pero entre los problemas con el puerto y las repetidas incursiones árabes, la ciudad volvió a mudarse a la colina de Ayasuluk, formándose Éfeso IV, en gran parte de donde hoy la visitamos.

El Templo de Artemisa en la historia de Éfeso

Situado en la colina se encuentra el Templo de Artemisa o Artemision, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. Dedicado al culto a Artemisa, popular en la región, se convirtió en un centro de peregrinación muy visitado, lo que atrajo al mismo tiempo a mucha gente a la propia ciudad. Cada año, se tomaba un mes entero de vacaciones reservado para ceremoniales religiosos y contemplación.

El primer templo fue construido en el siglo VI A.C., de estructura díptera jónica, con dos filas de columnas en ambos lados y tres filas en las partes delantera y trasera. Tenía un total de 127 columnas jónicas, con una altura de 19 metros cada una, de las cuales 36 tenían esculturas a relieve.

En el 356 A.C., un perturbado personaje llamado Eróstrato incendió el templo con el fin de hacer su nombre inmortal. Esa misma noche nacía en Macedonia Alejandro Magno, quien más tarde, a su llegada a Anatolia, se ofreció a hacer una donación para el templo, con la condición de asociar su nombre a él. Sin embargo, su oferta fue rechazada con una respuesta cortés y muy acertada: «sería impropio de un dios construirle un templo a otro dios».

No fue entonces hasta mucho después que se construyó el segundo templo, en la misma planta pero con una base de 13 escalones. Una prueba de sus orígenes “anatolios” es el hecho de que el templo miraba al oeste, mientras que los templos griegos tienen, como regla general, su frente hacia el este. Lo mismo sucede en los templos de Sardis y Magnesia, en Meandro. Las columnas eran más cortas y delgadas y sus relieves fueron creados por el famoso escultor Scopas, mientras que los del altar estuvieron a cargo de Praxíteles.

Pero en el año 262, los godos invadieron la región y arrasaron el templo. Poco a poco, los efesios fueron convirtiéndose al cristianismo y así el templo dejó de tener la misma trascendencia religiosa de antaño, por lo que muchos cristianos, incluso, utilizaron sus restos y ruinas para otras funciones constructivas, en lo que simbolizó el triunfo definitivo del cristianismo sobre el paganismo.

Éfeso y el cristianismo

Existen claros pasajes bíblicos que aluden a Éfeso, como el de Hechos 19-20, en relación al ministerio del Apóstol Pablo en esa ciudad. Se cree que San Pablo pasó dos años y medio en Éfeso, durante su tercer viaje misionero, hasta que una revuelta lo obligó a abandonar la ciudad. Algunas fuentes aseguran que el apóstol fue encarcelado en lo que se conoce como “Prisión de San Pablo en Éfeso”, una pequeña torre en las murallas helenísticas de la ciudad. De esta manera, finalmente, la fe en Cristo y la veneración a la Santísima Virgen reemplazaron el culto a Artemisa y otras deidades paganas.

En el año 431, tuvo lugar en Éfeso el tercer concilio ecuménico, en el que se debatió el tema de la Virgen María como la Madre de Dios.  Ahí se decidió también que Cristo tenía una doble naturaleza, hombre-Dios y la Virgen María era la madre, la portadora de Dios.

Éfeso, una de las siete iglesias del Apocalipsis

Las llamadas “Siete Iglesias de Asia” se ubican en Anatolia: Éfeso (Efes), Esmirna (Izmir), Laodicea ad Lycum (Goncali), Sardis (Sart), Pérgamo (Bergama), Filadelfia (Alaşehir) y Tiatira (Akhisar).

Estas iglesias están asociadas con San Pablo y también con el Apocalipsis, cartas escritas por Juan a las Siete Iglesias. Para algunas personas, Juan fue un visionario que vivía en la isla de Patmos, mientras para otras se trata del apóstol Juan. Por aquellos tiempos debió haber más de siete ciudades con grandes congregaciones cristianas en Anatolia, por lo que se ignora por qué Juan seleccionó especialmente éstas. Se especula que fuesen las más importantes o que simplemente se perdieran las cartas a otras iglesias.

Cuando hablamos de iglesias no nos referimos a las edificaciones sino a congregaciones cristianas, que tenían sus reuniones en casas particulares, pues no se conocen construcciones eclesiásticas hasta el siglo III. Algunas de estas siete iglesias-congregaciones puede haber sido fundada por el propio San Pablo, en sus viajes misioneros, pues se sabe que visitó las siete ciudades respectivas (Apocalipsis 2:1-7).

Los últimos tiempos de Éfeso, del cambio de manos al declive

Durante el período del emperador Constantino éste reconstruyó algunos sitios y mandó a construir nuevos baños públicos. Éfeso se mantuvo como la ciudad más importante del Imperio Bizantino después de Constantinopla, en los siglos V y VI, hasta que un terremoto la destruyó parcialmente, en el año 614.

La importancia de la ciudad como centro commercial fue declinando a medida que el puerto comenzó a cenegarse por el río, a pesar de las repetidas dragas que efectuaron los efesios a lo largo de su historia. La pérdida de ese puerto hizo que Éfeso dejara de tener acceso al Egeo, elemento clave para comerciar. Desde entonces, los efesios comenzaron a abandonar la ciudad baja hacia las pequeñas colinas de los alrededores. Las ruinas de algunos templos fueron usadas para construir nuevas casas y las esculturas de mármol fueron reducidas a polvo para hacer yeso. Adicionalmente, los saqueos árabes contribuyeron a acelerar el declive.

Cuando los turcos selyúcidas conquistaron Éfeso en el 1090, la gran ciudad se había reducido a una villa y así se quedó, aun cuando los bizantinos reconquistaron el poder entre 1097 y 1308.

Posteriormente, Éfeso fue tomada por Sasa Bey, un comandante de la armada de un principado selyúcida y cedida a su vez a otro principado. Los nuevos regentes estacionaron un nuevo puerto en Ayasuluğ (actual Selçuk), lo que proporcionó una vez más un breve período de florecimiento durante el siglo XIV, en el cual se insertaron nuevos elementos y edificaciones como la Mezquita de Isa Bey, los caravanserais y los baños turcos (hamam).

Así, a partir de 1390, por primera vez, Éfeso fue incorporada como estado vasallo al Imperio Otomano y volvió a serlo, tras un período de rescate de la región por los Bey turcomanos de Anatolia, en 1425. Poco a poco, la ciudad fue completamente abandonada en el siglo XV y perdió para siempre su gloria de antaño. En 1914, el puerto de Ayasuluğ y su ciudad fueron rebautizados como Selçuk.

2 comentarios en “Historia de Éfeso”

  1. Estimado Amilcar,

    Después que nuestro señor Jesús ascendiera a los cielos, la historia registra que la Virgen María se quedó en Jerusalén durante 3 años, ella estuvo por Betania y posterior 9 años después, registró que estuvo por las cercanías de Éfeso (Turquía). En este lugar, ella vivió sus últimos años de vida. La Virgen María falleció a los 63 años de edad, convirtiendo el lugar donde habitó en un espacio santo para los cristianos. Hoy lleva como nombre “la capilla de la Panaya Kapuli o Kaulu” que en turco significa “Capilla de la toda pura María”.

    Cuando se indagó más sobre la vida de la Virgen María y lo que hizo en sus últimos años, 2 sacerdotes franceses Henry Jung y Eugène Poulin de la congregación lazarista se vieron obligados a profundizar ante la insistencia de la madre superiora del convento Hermanas de la Caridad ,Sor Marie de Mandat-Grancey, por las diversas visiones que tuvo una mística alemana, la Beata Anna Katharina Emmerick (1774-1824), Ella recibió visiones constantes de la vida pública de Jesús y de la Virgen que luego fue recolectada y publicado después de su muerte por el escritor alemán Clemens Brentano. Esta religiosa alemana Katharina Emmerick fue beatificada por el Papa Juan Pablo II el 23 de octubre de 2004, en su lecho de muerte, en una ciudad de Westfalia.

    Es entonces que estos 2 sacerdotes tras mucho trabajo de indagación y esfuerzo, encontraron las ruinas de la casa de la Virgen María basándose en las visiones que describía Emmerick, daba la impresión que había sido utilizada como Capilla.

    Como resultado de este descubrimiento, la primera peregrinación a la casa de la Virgen María fue en 1896, después de cinco años de descubrirlo, luego llegaron más congregaciones del extranjero y, por lo tanto, en 1950, el Vaticano de Roma definió el dogma de la Asunción de María por el papa Pío XII. Desde entonces, el número de turistas y peregrinos ha aumentado cada año.

    El Papa Juan Pablo II llego a Éfeso en dos oportunidades, primero el 26 de Julio de 1967, escoltado por su congregación y por toda la multitud que aguardaba afuera. Aquí el Papa rezo durante un largo tiempo frente del altar, encendiendo una lámpara que el trajo por sí mismo para obsequiarla a las hermanas de la Caridad, quienes se encargaban del cuidado y mantenimiento del lugar Santo. Posteriormente visitó nuevamente la casa de la Virgen María el 30 de noviembre de 1979 tras su visita a Ankara.

    Otro de los papas que visitó la casa de la Virgen María fué el Papa Benedicto XVI quién llegó a Éfeso el 29 de noviembre de 2006.

    Saludos Cordiales

    Ari

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